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Al
Qurnah es una pequeña ciudad al sur de Irak, donde
los dos ríos milenarios, el Tigris y el Eufrates,
se juntan formando Chatt al-Arab, que desemboca en el golfo
Pérsico. A pocos kilómetros de este lugar, donde se
dice que estuvo el Paraíso Terrenal, una gigantesca maquinaria
de guerra lo invade todo. En mitad de este absurdo infierno se encuentra
una de las zonas ecológicas más ricas de la Tierra,
un lugar que permanece anclado en la forma de vida de hace cinco
mil años. Un paraíso perdido e ignorado.
Aquí, en Qurnah, existe un viejo tronco de árbol,
corto y grueso, de una especie indefinida. Unas modestas candelas
a cada lado y una cerca dan al lugar apariencia de santuario. Los
ancianos de la ciudad se llegan a veces hasta él para sentarse
y meditar. Un pequeño rótulo en árabe lo denomina
“árbol de Adán” y explica que ésta
fue la morada de Adán y Eva y que Abrahan, que nació
no muy lejos de aquí, en Ur, vino a rezar junto al árbol.
En realidad, las ramas perdidas hace decenas de años de este
árbol jamás dieron manzanas que pudieran tentar a
Eva y, en la época de Abrahan, este lugar estaba cubierto
por las aguas ya que, sólo en el último milenio, el
terreno ha ascendido seis metros. De hecho, en la época de
los sumerios, el Tigris y el Eufrates desembocaban por seprado en
el golfo, a unos treinta kilómetros uno del otro.
LUGAR DE LEYENDAS.- Pero, pese a los
hechos históricos, la leyenda sigue ahí, y cuando
se visita esta tierra no hay que hacer ningún esfuerzo para
creerla. Por otra parte, éste fue realmente el punto de origen
de la civilización. Aquí fue donde dio comienzo la
historia escrita. Aquí empezó la mitología.
Esta es la fuente de las tres religiones más importantes
de la historia de la humanidad. Por toda la faz de la tierra, sus
libros sagrados enseñan a dos mil millones de cristianos,
judíos y musulmanes que éste fue precisamente el lugar
escogido por Dios para dar vida al género humano.
Un ambiente especial parece rodear este lugar. Un ambiente entre
misterioso y aventurero. Nada tiene ello de extraño. Este
es también el país natal de las “mil y una
noches”, de la lámpara de Aladino, de la alfombra
voladora. Alí Babá y sus cuarenta ladrones pertenecían
a estas tierras y, como un símbolo, su desvencijada escultura
preside la principal avenida de Bagdad.
Aguas abajo de este sitio se contornea la isla de Simbad,
así llamada en honor del marino que fue protagonista de increíbles
cuentos populares árabes. Aguas arriba, el río nace
en la falda del monte Ararat, donde Noé varó
su Arca. Cerca de las orillas de estos ríos, modestas señales
de carretera llevan legendarios nombres de ciudades fantasma: Babilonia,
Níniva, Ur… cuyas murallas, hoy convertidas en
arena, oyeron gritar los nombres de los grandes reyes: Sargón,
Nabucodonosor, Hammurabi…
Es esta una tierra donde parece inevitable mirar al pasado, evocar
los viejos tiempos y, sin embargo, la dura realidad se encarga de
mostrar que el presente es mucho más desgarrador.
VIAJE AL PASADO.- Sin embargo, lo que ahora nos
interesa tiene que ver con el pasado. Se trata de encontrar a los
descendientes directos de los sumerios, los “maadans”,
una tribu que habita las intrincadas marismas del Eufrates.
El acceso a ellos no es fácil. La única comunicación
es mediante las “mashhuf”,
unas inestables embarcaciones de muy poco calado, parecidas a las
góndolas venecianas. El viaje a través de las marismas
es sorprendente. El agua es tan clara como el cristal, en el fondo
se ven plantas y pequeños peces. Largas guirnaldas de otras
plantas acuáticas flotan en la superficie. Tras abandonar
la laguna, surgen a ambos lados altos y compactos muros vegetales
formados por cañas y juncos. Cuando la barca se introduce
en ellos, parace que a la vez se deja atrás nuestro mundo
y como si en un vertiginoso túnel del tiempo retrocediésemos
miles de años.
Nada alrededor parace reflejar signos de vida humana. Abundan los
gansos, los patos y las aves de todos los tamaños y colores.
Algún águila vuela de vez en cuando hasta aquí
desde las orillas vecinas y martines pescadores y una interminable
variedad de pájaros pequeños, algunos de brillante
plumaje, se posan y balancean por todas partes en los cañaverales.
Altas y blancas garzas reales y cigüeñas de pico rojo
parecen centinelas de guardia entre los tallos. Robustos pelícanos
se desploman al agua para sacar con sus grandes picos algunos pececillos.
Con suerte, puede entreverse algún velludo verraco negro
que, con fuertes embestidas, se abre paso entre cañas que
oscilan. También en algunos lugares se divisan grandes búfalos
de agua que chapotean perezosamente en los canales o que, con sus
anchos cuernos negros brillantes al sol igual que focas mojadas,
trepan a los montones de cañas.
Cuando al fin se divisan las primeras casas, la sensación
del viaje al pasado es total. Aquellas construcciones son idénticas
a las que se ven reflejadas en los bajorrelieves sumerios. Un armazón
de tallos de cañas forma los arcos de la bóveda sobre
los que se fijan las esteras. En el centro de la fachada, la puerta
se abre entre dos pilares de caña, y pilares semejantes contrapesan
los ángulos y los lados de la construcción.
La parte inferior, hasta la altura humana, está hecha de
encañizados que dejan pasar el aire y la luz. Algunas de
estas construcciones pueden alcanzar los cinco metros de altura
y las casas tienen unos treinta metros de largo. Hace falta un centenar
de hombres y un mes de trabajo para edificar una de estas catedrales
de cañas en las que viven los “maadans”.
ALDEAS FLOTANTES.- Este paraíso
posee sus propias leyes ecológicas únicas en el mundo.
La mayor parte de las aldeas se levanta sobre islas artificiales,
enteramente formadas por incontables generaciones de cañas
podridas y estiércol de búfalo. Con bastante frecuencia,
estas islas en realidad flotan y sólo descansan sobre el
fondo en la estación seca. Cada año, a medida que
los estratos inferiores se desintegran, hay que añadir nuevas
capas de cañas a la parte superior y, para impedir que el
lento movimiento de las aguas se lleve los bordes, se defienden
con apretadas empalizadas de cañas clavadas en el fondo.
La vida dentro de los poblados está también regida
por normas y reglas que todos respetan. Sus principales formas de
alimentación son, como en los tiempos primitivos, la caza,
la pesca y una rudimentaria agricultura. La pesca la realizan a
bordo de las “mashhuf”, con unas redes circulares que
arrojan por encima de sus cabezas, con gran maestría y que
rápidamente recogen. Todo el comercio entre ellos es mediante
trueque, no se utiliza el dinero y sólo unos pocos de sus
habitantes se acercan a Qurnah de vez en cuando para canjear su
enorme producción de cañas o su rústica artesanía
por otros productos y utensilios. En las pequeñas huertas,
cerca de las casas, se cultiva arroz y mijo en verano y trigo y
cebada en invierno.
Los “maadans” tienen una
organización tribal, en el interior de la cual se reparten
las deudas originadas por las multas o reparaciones impuestas con
motivo de venganzas y crímenes personales. Son de religión
chiíta y su pertenencia a la tribu se funda en el grupo de
ascendencia patrilineal. La mayoría de sus costumbres y ritos
se remonta, al menos, a varios cientos de años.
En el interior de los “mudhif”,
los saludos se efectúan conforme a un complicado ceremonial,
y los asientos se hallan distribuidos de manera que correspondan
los primeros lugares a la fente de más alta jerarquía
de la tribu. Existe una gran diferencia entre los agricultores y
los ganaderos de búfalos. Los agricultores hacen remonatr
orgullosamente su origen a las primitivas tribus árabes y
miran altivamente a los ganaderos, a los que consideran inferiores
en nacimiento y ocupación.
Esta primitiva civilización, que ha permanecido prácticamente
ignorada hasta 1956, en que Wilfred Thesiger la conoció y
escribió un lubro sobre ella, mantienen intactos los modos
de vida de hace cincuenta siglos. Una vida sencilla, basada en la
convivencia y un sistema social simple. Un forma de vida que hoy
se ve perturbada una vez más por la presecnia de una guerra,
por infierno que la nueva civilización ha colocado a pocos
kilómetros de este paraís.
Reproducido con permiso de OPEN NEWS, (nº 19)
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