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El parque cuenta con una extensión de 5.037 hectáreas
de superficie y paredes verticales que en ocasiones alcanzan los
100 metros de altitud. En la extensión del parque se pueden
diferenciar dos zonas básicas de vegetación: en el
fondo del cañón crecen sauces, álamos, olmos,
y fresnos; la parte alta la ocupan sabinas, enebros, tomillares
y matorrales que soportan un clima más seco. La combinación
entre roca y vegetación da lugar a un paisaje natural de
gran belleza.
Uno de los lugares más representativos de esta zona es la
Ermita de San Frutos situado en un cortado en mitad del río,
ocupada por monjes benedictinos desde el siglo XI al XIX. Pero lo
mejor no se encuentra en el edificio en sí, sino sobre nuestras
cabezas. Multitud de buitres leonados, las aves representativas
del parque, que habitan en las paredes cercanas a la ermita. No
hay discusión al admitir que se ha convertido en la mejor
zona del centro de la Península Ibérica para los amantes
de la ornitología que también encontrarán jilgueros,
halcones, cernícalos, pardillos, pinzones e incluso garzas
reales, entre más de 130 especies de aves que allí
se pueden contemplar.
Para los amantes de la naturaleza las posibilidades de disfrutar
de este Parque Natural, título recibido en 1989, son sobre
todo dos. Primero, el senderismo y así visitar los retos
del Monasterio de la Hoz o la Cueva de los Siete Altares. La segunda
apuesta son los recorridos en canoa que ofertan diversas empresas
con el que se podrá disfrutar de un viaje tranquilo por unas
aguas mansas por lo que resulta apto para todas las edades. En las
cercanías de las Hoces se pueden visitar pueblos donde degustar
le típico cochinillo asado como por ejemplo en Sepúlveda,
Fuenterrebollo o Burgomillodo.
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