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Efectivamente Túnez
es un pequeño país mediterráneo cuya superficie
tan sólo tiene 164.150 km2, (prácticamente la quinta
parte de la superficie de España). En este país la
historia se ha ido fraguando con la presencia de diferentes culturas.
Junto a los habitantes del desierto la cultura clásica del
Mediterráneo Oriental formó el origen de una región
del norte de Africa que empezaba a estar preparada para las visitas
posteriores de pueblos que poco o nada tenían que ver con
ella. De entre estos pueblos destacó por su presencia el
pueblo romano, quien dejó una de las más bellas joyas
de este país de ensueño. Se trata de Dougga.
Iniciamos nuestro recorrido desde Marsella o Génova,
desde aquí en barco llegamos al puerto de La Goullete
(Sidi Bou Said) tras un día de placida navegación.
Desde aquí comenzaremos nuestro periplo por tierras africanas
en busca de la ciudad perdida de Dougga. A lo largo de nuestro recorrido
toparemos con un paisaje de contrastes sin fin; campos de olivos,
naranjos, palmeras, costa y desierto. Un universo chapoteado de
cientos de pequeñas poblaciones que parecen ocultar sus ojos
al sol, entre callejuelas y plazuelas de difícil acceso.
Nuestra llegada a Sidi Bou Said, nos permitirá
disfrutar de una ciudad ruidosa y aunque no excesivamente grande,
si se muestra cosmopolita y mediterránea. Como si de un gran
centro portuario se tratara tras los desembarques y más allá
de gritos y contenedores se esconde una recóndita población
empedrada con plazas donde disfrutar al sol de un buen café,
esperando que caiga la tarde y con ella el anuncio de retirada y
oración que apunta el toque desde el minarete de la alcazaba.
Desde este punto nuestra ruta pasará por la
mítica Cartago, otrora una de
las más grandes y orgullosas capitales del mundo antiguo.
Evocadora de nombres como el de Tiro, Alejandro o Plinio, su sobervia
historia recuerda que Cartago se enfrentó al gran imperio
romano, y hoy sus restos arqueológicos, sus villas romanas,
las termas de Antonino, y cientos de rincones de sabor a antigüedad
clásica siguen clamando por la grandeza de este pueblo.
Tras dejar Cartago nos dirigimos a la bella Utica,
donde recalaremos al menos una jornada. Tras Utica continuaremos
adentrandonos en el interior del país camino de Matir,
Bajah y por fin Bulla
Regia.
Bulla Regia, ciudad donde
San Agustín pronunció su más famoso sermón
durante la época bizantina. Cuando uno entra en ella no imagina
los innumerables encantos de esta población típicamente
romana. Los más característico y llamativo es la peculiar
forma de ubicación de los hogares de la ciudad. En Bulla
Regia las casas se construyeron hacia abajo creando una verdadera
ciudad subterránea. Esta era la forma de combatir el durísimo
calor que asola esta zona del país. Sin embargo no estamos
hablando de cuevas o construcciones más o menos adaptadas
a las necesidades de una población de escasos recursos. Se
trata de verdaderas joyas bajo el suelo. Edificaciones que conservan
prácticamente la totalidad del encanto y riqueza de los más
bellos palacios de oriente. Mosaicos, patios, columnatas, arcos,
pasadizos, artesonados y todo cuanto puede satisfacer al más
exigente señor de la casa.
Asombrados dejamos Bulla Regia camino de nuestro
objetivo: Dougga, la más bella
herencia romana del norte de Africa.
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