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Un
relieve de moderna formación, producto de las erupciones
que durante seis largos años sometieron la Isla de Lanzarote,
se presenta ante nuestros ojos causando desde el primer momento
sobrecogedoras sensaciones de empequeñecimiento humano y
grandeza natural. Más de 200 kilómetros cuadrados
de volcanes y suelos otrora humeantes se asoman al Atlántico
desde el mismo centro de la Isla.
El parque de Timanfaya o de las Montañas
de fuego puede ser visitado llegando al mismísimo punto donde
se produce el origen de las erupciones. Un sobrecogedor lugar al
que el viajero puede acercarse a lomos de dromedarios y camellos
preparados a la sazón a tal fin. El centro entre rojo y negro
del nacimiento de las erupciones, las grandes avenidas de lava,
los suelos arenosos pardos, grises y azabaches, nos acompañan
en nuestro peregrinar. Desde lo más alto de la Montaña
de Fuego observamos la grandeza del casi perfecto crater del Corazoncito.
Enormes y profundas las oquedades del terreno nos invitan a palpar
el suelo y percibir de este modo la candente vitalidad de siglos
de actividad volcánica bajo nuestros pies.
Las imágenes que presenta el parque son de lo más
variopintas. Caóticas e irregulares formas que cortan insultantes
los perfiles del paisaje se mezclan con redondeadas placas de lava
y suaves y tersas alfombras de tierra escoriácea. Lenguas
de fuego que surgen de la nada en lo más alto se desplazan
insolentes hasta los mismos confines de la isla hasta sucumbir con
toda su fuerza ante la paz salina de la aguas oceánicas.
Puntas, Islotes de fuego, jameos y crestas de caprichosas y espectaculares
formas dan sentido a una visita nada predecible.
En el Islote de Hilario chorros de vapor simulan la presencia de
un geiser, nacido entre conos volcánicos, desde la Montaña
Rajada, otearemos un horizonte de cientos de cráteres alineados
en magnífica concupiscencia con el paisaje. Desde este mismo
punto la presencia del Crater de Tremensana sobrecoge por su tremenda
voluminosidad. La Montaña Blanca o el Valle de la Tranquilidad
son alguno de los puntos de necesaria visita en este espectacular
entorno que supone en Parque Nacional de Timanfaya.
Acercarse a Timanfaya puede también
servir de excusa para conocer otro lugares de singular atractivo.
De este modo en el mismo Lanzarote encontramos
El Acantilado de Famara con alturas d más de 600 metros y
La Caldera Blanca, el mayor de los cratares de la zona. Pasando
a la vecina isla de Forteventura podremos conocer El Corralejo,
el macizo de Betancuria,o el famoso Barranco de Ajui.
Lugares todos ellos que completan nuestra visita al grandioso Parque
Nacional de Timanfaya. Lugares de oníricas imagen,
de lunáticas formaciones, de desbordante imaginación
y de absoluta plenitud. Un espacio natural que nos transmite su
ancestral energía y nos reconcilia con nuestra natural esencia
humana inmersa en una naturaleza de la que formamos parte indisoluble.
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