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Hace
dos millones y medio de años, profundos cambios geológicos y erupciones
volcánicas dieron origen a esta enigmática isla. Entre suaves lomas
con cerros y volcanes extintos se dibujan los vértices de un casi
perfecto triángulo que yace remoto y solitario en el gran Océano
Pacifico. Sin duda la Isla de Pascua es un destino obligado para
todos aquellos que deseen explorar las raíces mas profundas de los
orígenes de esta cultura.
La isla constituye uno de los lugares del mundo cuyas bellezas naturales,
sus enigmáticas figuras talladas en piedra, sus misterios y tradiciones
y sus acogedores habitantes, la hacen especialmente atractiva. Ubicada
en medio del Océano Pacífico, a 3.700 kilómetros de las costas de
Chile, país al cual pertenece y se accede por la vía aérea, fue
habitada en el siglo IV D.C. por navegantes provenientes de la Polinesia,
cuyos descendientes desarrollaron una cultura propia, dentro de
una sociedad estratificada y de gran religiosidad. De ellos provienen
las grandiosas esculturas y riquezas arqueológicas que hoy son el
motivo de permanentes estudios y la admiración de las personas que
la visitan.
Los habitantes de esta isla hablan su propia lengua : el pascuense.
También han adoptado el idioma español. Es la gente de la Isla de
Pascua muy hospitalaria y amable. La mayoría de ellos viven en el
pueblo de Hanga Roa, allí se encuentran desde confortables hoteles
hasta sencillas "residencias" (casas de familia) que alojan a turistas.
Para recorrer la isla existen distintos servicios turísticos y de
guías, sobre los cuales se obtiene información en los hoteles; se
ofrecen paseos en pequeños autobuses, a caballo, en motocicleta
o a pie a los puntos más interesantes. En la caleta Hanga Roa es
posible contratar excursiones de buceo y paseos en lancha a distintos
puntos de la isla. Una visita al pueblo permite conocer el Museo
Antropológico R.P. Sebastián Englert, la iglesia donde se celebra
misa los Domingos con cánticos en idioma Rapa Nui, la caleta de
pescadores y el Mercado Artesanal en las proximidades, donde se
venden alimentos y productos típicos como los tallados Moai Kava
Kava en madera de Miro Tahiti. Saliendo desde Hanga Roa hacia el
sur para un recorrido por la isla es de especial interés conocer
el volcán Rano Kau, con su gran cráter de 1,6 km de diámetro, y
el centro ceremonial Orongo, donde se llevaba a cabo la ceremonia
más importante, la elección del Tangata Manu o Hombre pájaro, admirar
una gran cantidad de petroglifos y sus cuarenta casas de piedra
que, a más de constituir una rareza en Polinesia, parecen confirmar
los lazos de los primeros pascuenses con el continente americano;
más al este y siguiendo la ruta de la costa se encuentra Vinapu,
con sus dos templos donde puedes ver siete moais, además de un muro
"incaico" y una estatua-columna que evoca los monolitos próximos
al lago Titicaca, o Ahu en ruinas y mas allá los sitios arqueológicos
Hanga Poukura y Akahanga donde esta enterrado el primer rey de la
isla, y para llegar al volcán Rano Raraku, de especial interés por
cuanto en su cráter y cantera fueron tallados la mayor parte de
los Moais existentes, enormes monumentos de piedra con la forma
de una gran cara que siempre miran hacia el interior de la isla,
están emplazados sobre unas plataformas llamadas Ahu, que originalmente
eran tumbas abiertas construidas mucho antes que los Moai, también
podemos apreciar gran cantidad de estatuas en las distintas fases
de la elaboración en las canteras del Rano Raraku. Finalmente y
siguiendo el mismo camino se alcanza la hermosa playa blanca de
Anakena.
De regreso al pueblo por el camino interior es posible conocer el
Ahu Akivi sobre el que se levantan siete estatuas que asoman hacia
un amplio valle poblado de caballos, ovejas y ganado, y próximo
a Hanga Roa el centro ceremonial Tahai, donde se encuentra el único
moai que conserva sus ojos de coral, todos los demás tienen sus
cuencas vacías, y recién hace pocos años se descubrió en algunas
cavernas gran parte de los ojos faltantes, también hechos de coral.
Para quien busca panoramas grandiosos están la cumbre del monte
Tere vaka, en cuya falda se levantan siete moais orientados hacia
el equinoccio de invierno. En cuanto a la gastronomía que podemos
degustar - se recomienda paladear una suculenta langosta o probar
la variedad de frutos de mar. El curanto es la comida tradicional
de la isla. Un hoyo en el piso cubierto de piedras volcánicas hace
las veces de horno, mientras la leña cocina la carne de pescado
o de pollo sobre hojas de plátano. Se acompaña con batatas sin pelar
y "poe", un budín dulce hecho con harina, zapallo y banana. En la
idílica playa de Anakena, donde no hay un solo negocio ni vendedor,
hay parrillas bajo las palmeras, ideales para asar un pollo o carne
de cerdo. Un clima subtropical-marítimo con abundantes lluvias pero
con una agradable temperatura que oscila entre los 18 y los 27 grados
Celcius, playas de arena blanca y rosada, un excelente arrecife
para bucear y un mar pródigo para la pesca deportiva complementan
la original oferta turística pascuense. |
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