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Situada junto al río Sena y en la confluencia
de los ríos Marne, Bièvre y Sérve,
París ha sido siempre un importante
cruce de los ejes norte-sur y este-oeste y centro destacado de comercios
e intercambio. Con el paso del tiempo, la ciudad se irá imponiendo
como capital del país, gracias al apogeo de su universidad
y de la grandiosidad de sus nuevas catedrales. En 1253 se funda
La Sorbona y por vez primera los contemporáneos de
la época ven a París como la ciudad más hermosa.
El sobrenombre de "ciudad de la luz" es relativamente tardío,
ya que durante siglos la noche parisiense fue oscura, misteriosa
y llena de peligros. Durante el siglo XIV solo tres luces brillaban:
la del cementerio de los Inocentes, la de la torre de Nesle y la
del Gran Châtelet. Ya a mediados del siglo XVII, se dispone por
norma que cada atardecer se deje encendida una lumbre en una de
las ventanas de cada casa para evitar el peligro que corría
la ciudad por las noches.
Paseando por París puedes escuchar las notas
de un acordeón mientras canta Edith Piaf. Recorriendo los
Campos Elíseos desde la zona de
La Defensa, un área con edificios
modernos y un arco de 100 m de altura, hasta el Arco
del Triunfo, suceden teatros, cines, tiendas especializadas
en el turismo y grandes cafés que, como aspecto curioso,
tienen las sillas y las mesas colocadas de cara a la acera, en fila,
como si los clientes estuvieran viendo pasar una película.
Para los parisienses "ir a los Campos" significa tomar una copa
en uno de los bares existentes en la avenida o visitar una de las
variadas galerías que hay. Alrededor del Arco del Triunfo,
en la plaza Charles de Gaulle (antigua
plaza de L´Etoile), la circulación es alocada. Existe una
especie de "convenio común" entre los conductores por el
que en caso de colisión entre dos coches, ambos pagan la
mitad de los daños, tenga quien tenga la culpa, debido al
caos circulatorio de la zona. Allí, en la plaza, se conmemoran
junto a la Tumba del soldado desconocido
(en cuya superficie hay una vela continuamente encendida) todos
los eventos nacionales, desde la toma de la Bastilla un 14 de julio
de 1789.
Cerca de la plaza de la Concordia, rodeada
de esculturas que representan las grandes ciudades francesas y en
cuyo centro se alza un obelisco de más de 27m de altura,
se hallan el Palacio Grande y el Palacio
Pequeño, que acogen exposiciones artísticas
y el museo de Bellas Artes de París
respectivamente. Pero el museo más grande y prestigioso de
París es el Louvre. En él
se encuentran representadas casi todas las civilizaciones mayores
y muchas de la sobras maestras de toda la historia. Y todo ello
dividido en siete departamentos: antigüedades egipcias, orientales,
Grecia y Roma, galería de pintura, esculturas desde la Edad
Media a la Moderna, muebles y artesanía y por último,
Grabados y dibujos. Otros museos interesantes son el Museo
Nacional de Arte Moderno (centro Pompidou),
el Museo d´Orsay, el Museo
Picasso o el Museo de la Armada.
Otra zona reseñable, dentro de la multitud de lugares interesantes
que hay en la ciudad parisina, es la de Montmartre.
Allí se oscila entre el sueño y la realidad, entre
el recuerdo de Picasso, Piaf y Utrillo, allí encontrarás
lo mejor y lo peor. Destaca el cementerio de
los Inocentes, con sus frondosos castaños y los gatos
reposando en las frías fuentes de piedra; la cima del monte
o Butte, en donde perviven casas de artistas
y bohemios junto al Moulin de la Galette,
vieja sala popular de baile; o la pequeña iglesia de Saint
Pierre, discreta y rústica al lado del Sacré-Coeur,
uno de los santuarios más antiguos de la ciudad.
Pero si hay un símbolo mundial de París, ese es la
Torre Eiffel. Inaugurada un mes de mayo
de 1889 y criticada en su "nacimiento" por estropear la fachada
de París, tiene en la actualidad ascensores e iluminación
nocturna, lo que ha contribuido al embellecimiento de estas 7.000
toneladas de hierro fundido con más de 300 m de altura. Soporta
unas 15.000 visitas por día en temporada turística
y ha sido elegida por 27 personas para suicidarse. En el límite
de la anécdota, la historia literaria y la más pura
y documentada historia se hallan las protestas que exclamaron los
artistas parisinos de la época; entre ellos Apollinaire,
Queneau o el cantante Maurice Chevalier. Como anécdota, el
17 de junio de 1989, la Gran Dama festejó sus cien
años de vida con un espectáculo musical y pirotécnico
que duró hora y media.
Entre el Campo de Marte, la Escuela
Militar y el barrio aristocrático de Saint-Germain,
se erige el edificio de Les Invalides,
símbolo de honor y de subordinación militar. En la
fachada principal se levanta una estatua ecuestre de Luis XIV, acompañado
de la Prudencia y la Justicia. Una vez dentro, destaca la iglesia
del Domo, en cuya cripta reposan las cenizas de Napoleón
en un enorme sarcófago de pórfido rojo. En las capillas
laterales, yacen jefes militares y compañeros cercanos a
Napoleón. Por último, está el Museo de la Armada,
el más rico de todos los museos de historia militar en el
mundo; sus dos cuerpos, llamados Oriente y Occidente, enmarcan el
patio central.
En los alrededores de París, hay que destacar la Biblioteca
del Arsenal, que guarda unos 14.000 manuscritos, 120.000
grabados y un millón de volúmenes impresos; la Plaza
de la Bastilla, con una delgada columna que se levanta en
mitad de la plaza en memoria de los parisienses caídos en
los disturbios de 1830; y por encima de todo, el Palacio
de Versalles. Cuando Luis XIII lo eligió como su pabellón
de caza no era más que un pequeño caserío en
medio de bosques y lagunas. Ahora, las tres grandes avenidas que
conducen al palacio convergen en una enorme explanada. Las rejas
del palacio se abren al patio de los Ministros y a la estatua de
Luis XIV, en el centro. En el interior, todo es riqueza. Primero
aparece el Salón de Hércules y luego destacan los
Grandes Aposentos, con la escalera del rey, y la Galería
de los Espejos, cuya originalidad reside en que la luz de los diecisiete
ventanales se refleja en otros tantos espejos, con el reinado de
Luis XIV ilustrando el techo.
En cuanto a la comida en París, hay que hablar
del restaurante posiblemente más famoso del mundo, el Maxim´s,
en donde puedes degustar excelentes platos. Francia sigue siendo
el elíseo los gourmets. Exigencia importante para la cocina
francesa son los alimentos frescos y eso no es ningún invento
de la Nouvelle Cuisine, siempre ha sido una norma. También
en la elaboración debe ocupar un lugar destacando la calidad,
osea, la propiedad específica de los alimentos. Las amas
de casa francesas han adquirido nuevas técnicas en la cocina
del país a través de su corte, elevando el valor de
la comida considerablemente. También en la cocina francesa
ha influido servir platillos por separado, como plato individual,
algunas verduras o guarniciones que nosotros comemos junto con el
plato principal. Hay un aspecto importante: si le invitan a comer
no llegue puntual, sería un mal comienzo, y no se le olvide
llevar flores. Y aunque la cena comienze muy formal, suelen acabar
tarde y de una manera "alegre".
Para ir de compras, algo esencial también
en París, hay de todo. Lo que en otros lugares es imposible,
allí se convierte en deseo hecho realidad. Moda, joyas, antigüedades...
El principal centro son las Galerias Lafayette.
Su gigantesca cúpula de cristal da cobijo a unos almacenes
en los que destaca la planta baja, llena de colonias y perfumes
de lo más novedosos y refinados.
En París hay de todo y todo hermoso. Y si algo nos falla
o nos va mal... siempre nos quedará París.
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