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Desde la localidad de Ponferrada,
tomamos la antigua carretera de Orense hasta Carucedo,
a orillas del lago de idéntico nombre. Al entrar en Carucedo vemos
un cartel que reza "Las Médulas, explotación aurífera romana".
Más de 800.000 kilos de oro fueron capaces de arrancar
a la tierra los romanos en las Médulas.
Para ello hubieron de excavar más de 300 millones de metros cúbicos.
Una vez abandonadas y dejado el lugar a merced de los vientos, el
agua, el intenso frío y el calor apremiante, que durante siglos
azotaron el paraje, este rincón de la península se configuró
con formas caprichosas y de singular belleza. Un paisaje agreste
y de contrates. El color parduzco y rojizo se quiebra en primavera
con el verde y el intenso amarillo de la vegetación. Hoy este rincón
de la Hispania interior está declarado Patrimonio de la Humanidad.
Para contemplar las Médulas en todo su esplendor
se hace necesario acudir al Mirador de Orellan. Desde este
punto las imágenes que se nos muestran sorprenden nuestras retinas.
Barrancos rojizos y escarpadas alturas, pináculos, agujas, roqueros,
grutas, pasajes, planos y antiplanos de irregulares formas y trazados.
Sequedad y vegetación aunadas sobre los restos de las viejas minas
a campo descubierto entre desniveles de más de cien metros de altura.
Los lugares más enigmáticos se mezclan con aquellos
en los que la tierra se muestra más sincera y dolida, pero siempre
hermosa. El nombrado Mirador de Orellan y sus fuentes naturales,
la Cuevona y la Cueva Encantada, las grutas y bocaminas,
la red hidráulica y los derrumbes, senderos y centenares de rincones
que nos regalan siempre con imágenes sorprendentes y, en ocasiones,
escalofriantes. Y llegada la primavera el contraste de coloridos
es apasionante. Rojos, y amarillos, verdes y pardos, configuran
todo un regalo paisajístico digno de ser conocido.
Al lugar de las Médulas llegaron hace ya tiempo viajeros
de toda condición y quedaron sorprendidos y prendados por lo que
vieron. Jovellanos, Gil y Carrasco, Castaño Posse,
fueron algunos de estos visitantes que se dejaron sorprenden por
las extrañas formas en las que se percibía una extraordinaria complejidad
entre el artificio y lo natural.
Cerca de las minas podremos visitar el pueblo y,
si aún deseamos conocer más sobre la comarca, regresaremos a la
localidad de Ponferrada en la que se hace obligada la visita a su
majestuoso castillo, vieja sede templaria.
Las Médulas, un lugar espectacular, un paisaje de
ensueño que aviva las leyendas que sobre el mismo se ciernen. Un
lugar que merece ser conocido y disfrutado. Ven y disfruta de
las Médulas.
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