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Iniciamos
el recorrido llegando hasta Almonte, afamada por cuanto significa
la romería que celebra la cercana población de El
Rocio a las mismas puertas del parque de Doñana. Almonte
muestra su arte típicamente barroco y andalúz con
muestras geniales como la iglesia de la Asunción, o el Hospital
de la Sangre, ambos del siglo XVIII. Ya en El Rocio se ha de vistar
El Santuario de Nuestra Señora la Virgen del Rocio y dejarse
sorprender por el peculiar misticismo de una población debota
que ofrenda bienes, vida e hijos a la advocada imagen de Nuestra
Señora. Lugar de jacas y corceles, calesas, polvo y el entorno
humedo de las primeras lagunas.
Doñana aparece inmenso. Más de 50.000 hectáreas
protegidas que se convierten en la mayor y más importante
extensión ecológica de Europa. Su fauna y flora, sus
tres ecosistemas, dunas y playa, sotobosque y acuiferos pueden ser
visitados a lo largo de 80 kilómetros en vehículos
todoterrenos preparados para la ocasión.
Tras la visita de Doñana merecemos nuestro primer contacto
con las aguas marinas en las playas de Matalascañas. Desde
aquí iniciamos un largo recorrido de 120 kilómetros
de arenas blancas ubicadas al amparo de extenso bosques y espacios
naturales que nos conducirán hasta los lindes del país
vecino, Portugal.
Las Lagunas de Palos y Madres, las Marismas de Odiel, Los enebrales
de Punta Umbría, la laguna de El Portil, Flecha del Rompido,
Las Marismas del Piedra, y las Marismas de Isla Cristina, son los
espacios naturales que junto a Doñana causan admiración
y asombro a cuantos se acercan a estas costas.
A lo largo del litoral cruzaremos nuestro camino con poblaciones
como Mazagón de tranquila estancia y poseedora de una de
las playas más largas de Andalucía. Obviamente desde
Mazagón hemos de trasladarnos hasta Moguer. Lugar colombino,
de origen tarteso y romano, cuna del poeta y Nobel Juan Ramón
Jiménez. De aspecto decimonónico, blanqueado y tintado
de azules y amarillos, Moguer recuerda las historia de Platero en
cada esquina, enmarcando en azulejos y sobre las paredes los textos
de la inmortal obra.
Colombina por excelencia resulta Palos de la Frontera. La Fontanilla,
La casa Museo de Martín Alonso Pinzón, el puerto desde
el que salieron las tres embarcaciones hacia el nuevo mundo, El
Muelle de las Caravelas con las correspondientes réplicas
y museo, y el Monasterío de la Rábida a 5 kilómetros,
lugar donde Cristobal Colón y Fray Antonio de Marchena parieron
la gran aventura de ultramar.
Y alcanzamos Punta Umbría, dorado arenal, fino y de limpias
aguas, al que sin solución de continuidad siguen los lugares
de La Bota, Portil y Nuevo Portil, El Rompido, La Antilla e Isla
Antilla. Todos ellos lugares de extrema belleza al solaz de las
aguas.
Y finalmente llegamos a Ayamonte. El último de los pueblos
Andaluces. Entre las aguas marinas y el curso del Guadiana, Ayamonte
teje su extraña silueta. La presencia romana y los tintes
islámicos surgen en su trazado. Camino obligado hacia las
tierras lusitanas más allá del moderno y espectacular
puente que une ambos paises, invita, la localidad, a continuar viaje
por territorio portugués una vez saboreadas las horas en
este litoral hispano de Huelva.
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