 |
Se cuenta de Antonio Gaudí que murió
en una calle de Barcelona atropellado por un tranvía. Vestía
un abrigo viejo y no llevaba encima ningún documento que pudiera
identificarle, sólo algunas notas referentes al trabajo que
entonces le ocupaba, el templo de la Sagrada Familia. A pesar
de ser el arquitecto más famoso de España, su cuerpo sin vida
fue trasladado a un Hospital de Beneficencia hasta que uno
de los médicos le reconoció. Nadie hubiera dicho que aquel
viejo con barba de tres días, con aspecto de mendigo o de
jubilado pre Seguridad Social, era sin embargo Antonio Gaudí,
el re-creador del Modernismo, el católico, místico y genial
arquitecto al que protegió siempre la familia Güell, el creador
del templo moderno más grandioso: La Sagrada Familia de Barcelona
-cuyo ritmo de construcción es tan idéntico al de las catedrales
de otros siglos que no lo podremos ver terminado hasta el
año 2060, si es que lo vemos-, y de tantos otros edificios
geniales cada uno con su propia alma, todos con apariencia
de imposibles, porque ¿quién iba a decirnos que la mente humana
pudiese crear formas como las gaudianas?
Junto a Gaudí se puede realizar uno
de los viajes más interesantes que nos ofrece la península,
un viaje que se puede empezar a planear desde internet. Su
recorrido tiene dos partes. En la primera Gaudí nos guía por
Barcelona, una ciudad con eterno aroma de prosperidad que
valdría la pena visitar sólo por pararse un ratito frente
a la Pedrera, la Casa Batlló en el famoso Paseo de Gracia-,
la Casa Vicens, la Casa Calvet, la finca y el parque Güell
asombrosos y llenos de paz-, la torre de Bellresguard o la
Sagrada Familia, todos ellas construcciones de Gaudí. En Santa
Coloma de Cervelló también podemos visitar la colonia Güell.
El segundo itinerario nos aleja de las
tierras natales del arquitecto y nos lleva a recorrer la provincia
de León, con la Casa Botines, de inspiración medieval, en
la capital. León es una ciudad bulliciosa, repleta de edificios
históricos, como su catedral, con sus famosas vidrieras, y
de excelentes excusas gastronómicas para darse un buen atracón
en los alrededores de El Húmedo, el barrio en el que se sitúa
la movida nocturna.
En Astorga,
Gaudí dejó también su magnífico Palacio Episcopal, parecido
a un juguete, bello y pétreo aunque de aspecto ligero. A cierta
distancia de estos dos edificios, en la localidad cántabra
de Comillas (a 48 kilómetros de Santander), está situado El
Capricho, una pequeña construcción gaudiana levantada entre
1882 y 1885, con relieves de cerámica en todo el edificio.
Sus propietarios actuales la han destinado a restaurante,
lo que facilita su visita. Y, después de una buena comida
en las tripas de uno de los proyectos de este genial arquitecto,
nada mejor que hacer la digestión paseando por la orilla del
cantábrico.
|
 |