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Comenzamos nuestro paseo en San
Vicente de la Barquera: "Villa marinera y pescadora".
Sobre sus orígenes los historiadores la identifican con la Evencia
romana. Sin embargo su aúge comenzaría en el siglo VIII, cuando
Alfonso I ordenó su repoblación. Desde esta época en la que la caza
de la ballena y la práctica continua de la pesca se convirtieron
en las actividades principales de la villa, hasta el siglo XV, en
el que San Vicente contaba con
la llamada Flota de chalupas de San Vicente, esta bella población
gozó de una prosperidad poco conocida en otras localidades marineras
de la costa cantábica.
En la actualidad la actividad marinera sigue estando presente en
la economía de San Vicente, si bien ahora
acompañada de una explotación turística de fuerte importancia.
San Vicente de la Barquera es
una población merecedora de ser conocida permaneciendo en ella durante
algunos días, en los que visitar, la arquitectura románico-gótica
de la Iglesia de Santa María de los Angeles, El convento
de San Luis del siglo XV, el Palacio de la familia del Corro,
Los restos de la Muralla medieval y el Castillo del siglo
XIII, si bien terminado en el XVI. Por supuesto uno no puede
dejar la villa sin pasear bajo los soportales, por el puerto, o
pisar la playa y bañarse en las frías aguas del cantábrico. Dejando
como últimas visitas las de la ermita de la Virgen de la Barquera
y el puente de la Maza con sus 32 arcos.
Continuamos la ruta dirigiéndonos por la N-634 con
dirección a Torrelavega, cogiendo la desviación a Trasvía
y llegando finalmente a la villa de Comillas
conocida como la "villa de los Arzobispos". Lugar
elegido por la más alta aristocracia española. En Comillas
la presencia del modernismo arquitectónico se hace patente tanto
en la Universidad Pontificia como en el emblemático edifico
del genial Gaudí: el Capricho. De obligada visita son también
el Panteón de los marqueses de Comillas, el neogótico Palacio
de Sobrellano y la iglesia de San Cristobal.
Continuando camino llegamos a la tercera de la villas
de nuestro viaje: Santillana del Mar,
popularmente llamada la "villa de las tres mentiras"
al no ser santa, ni llana y carecer de mar. Estamos en una de las
poblaciones más bellas del litoral cantábrico: medieval, recogida,
conservada y hermosa por cualquiera de sus puntas. Encierra en su
interior la Colegiata de Santa Maria Juliana, el Palacio
de los Barrera, Las casas del Aguila y de la Parra, la
casona de los Hombrones, la casa de Leonor de la Vega,
la Torre de Don Borja, y el Parador Gil Blas del siglo
XVIII, entre otras muchas joyas que podemos disfrutar paseando entre
sus empedradas calles. Y cerca de la población se encuentran las
internacionalmente conocidas Cuevas de Altamira
cuyo valor arqueológico es indudable.
Un paseo y una ruta que puede ser completada visitando
la comarca de Saja-Nansa cercana a San Vicente y la de Oyambre
próxima a Comillas, a la par que saboreamos la exquisita gastronamía
cantabra: merluza en salsa verde, bocartes a la cazuela, sorropotun,
besugo y mariscos de la mejor calidad, sin olvidar los
postres consistentes en quesada y sobaos pasiegos.
Una ruta tranquila que discurre entre lugares que invitan al viajero
a repetir el paseo por esta parte de la costa cántabra.
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