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La tecnología se fusiona con la moda. El Instituto
de Tecnología de Massachussets (MIT) es
el responsable de esta locura, que salió a la luz pública
en 1997 y despegó en el festival de moda Brave New
Unwired World. El impacto no se ha hecho esperar. Los
modelos, maniquíes humanos convertidos en portadores
de diseños plagados de dispositivos inalámbricos
de todo tipo, fascinaron a una audiencia que no sabía
si decantarse por la admiración o la incredulidad.
¿Pero cuales son las aplicaciones prácticas de la
moda inteligente? Pueden parecer más propias de la
ciencia-ficción, ya que traen incorporados dispositivos
electrónicos tan pequeños como poderosos que
facilitan, sobre todo, las tareas mnemotécnicas que
tantos problemas sociales acarrean en ocasiones. ¿Se te olvidó
el nombre del último conocido? Tranquilo, aparecerá
acompañado de otros datos de interés acerca
de esa persona en la pantalla incorporada en tus gafas.
Mediante cámaras, GPS, micrófonos y otros sensores
en la indumentaria (son imprescindibles las aplicaciones Remenbrance
Agent), la ropa inteligente proporciona información
en tiempo real basada en el contexto físico y virtual
del individuo que las lleva puestas. De este modo, amplían
y enriquecen la memoria de quien las viste, conocen lo que
le rodea y reaccionan de forma adecuada para adaptarse a sus
necesidades.
Pero los a los chicos del MIT ya les han salido competidores,
y es que la carrera no ha hecho más que comenzar. Diseñadores
británicos trabajan ya en una tela que podría
conducir energía eléctrica a cualquier aparato
electrónico, sin necesidad de pilas, porque, ¿qué
mejor batería que el propio calor humano, que genera
100 voltios de potencia?. Otro adelanto son los zapatos computerizados,
que permiten que dos personas puedan intercambiar información
con el simple gesto de estrecharse las manos.
Así que, si quieres disfrutar de la tecnología
en tus propias carnes, vete pensando en cambiar tu vestuario,
o mejor aún, en incorporarle algún que otro
dispositivo.
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